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Manifiesto riesgo vital (de Rota a Lampedusa)

Manifiesto riesgo vital (de Rota a Lampedusa)

19:07

En la Bahía de Cádiz, frente a la ciudad de Rota, se está fraguando una tormenta. Las tempestades siempre siguen una pauta. Una mancha oscura se está balanceando sobre el mar. No se distingue muy bien. Parece un bulto a lo lejos. Comienza la noche del 25 de octubre de 2003, hace exactamente diez años.

Parecía un barco enemigo para la mirada de los niños que se encontraban en la playa. “Después pensaron que era una ballena (…)”. Los niños descubren un enorme náufrago ahogado varado en la playa. “Y jugaron con su cuerpo, enterrándolo y desenterrándolo”.

19:09

El capitán del carguero Focs Tenerife, Rogelio Navarrete, identifica una barca de unos ocho metros de eslora y dos de manga. Restan escasos minutos para que la tormenta estalle. En la barca se distinguen decenas de cabezas en un vaivén continuo. Alguien  eleva un brazo al cielo mientras con el otro va achicando agua. ¿Una señal? El capitán realiza una llamada a la Sociedad Estatal de Salvamento y Seguridad Marítima (SASEMAR), de Cádiz, para informarles del avistamiento de esta barca poblada de hombres. Mientras tanto el capitán ordena lanzar escalas y aros de salvamento. La barca se va alejando.

Los hombres del pueblo se van acercando a la playa y observan al enorme náufrago. “Lo sacan del mar cubierto de algas (…). Los hombres pensaron que tal vez la facultad de seguir creciendo después de la muerte estaba en la naturaleza de ciertos ahogados”. Las mujeres del pueblo se acercan y se asombran del tamaño y de la  hermosura del náufrago. “Era un muerto ajeno (…); no tuvieron que limpiarle la cara para saber que era un muerto ajeno”.

19:12

SASEMAR contesta que no dispone de recursos para intervenir. Las dos patrulleras se encuentran averiadas y los agentes de servicio se encuentran en Conil. Se comprometen a realizar alguna gestión.

Los hombres quisieron confirmar la identidad del náufrago. “Volvieron de nuevo al pueblo con la noticia de que el ahogado no era de los pueblos vecinos (…), no les faltaba nadie. Las mujeres se alegraron y dijeron, ¡bendito sea Dios –suspiraron- , es nuestro!”. Lloraron y velaron al ahogado. En el pueblo todo sería diferente desde entonces.

19:18

SASEMAR realiza una llamada al Servicio de Remolques y Salvamento (SERTOSA). Le contestan que hay un remolcador disponible: el Sargazos. SE lo comunican al carguero. Todo parece que se va encauzando (según las leyes y según la compasión).

La mujer más anciana del pueblo dice que habría que ponerle un nombre al náufrago. Sin nombre no hay memoria. “Tiene cara de llamarse Esteban, dice. Tiene que llamarse Esteban. No hubo que repetirlo para que lo reconocieran. El silencio acabó con las últimas dudas: era Esteban (…)”. Tener un nombre propio es el elemento originario para disponer de identidad. Descubrir el nombre es descubrir el ser. “Las mujeres lo llevan de un sitio a otro (…), no había cama bastante grande para tenderlo ni mesa bastante sólida para velarlo (…)”.

19:26

A pesar de la disponibilidad del remolcador para zarpar en auxilio de la barca… no puede hacerlo. Necesita la presencia de guardia civil o policía, que es obligatoria en estos supuestos de salvamento. Y…, no hay fuerzas de seguridad  disponibles. La tela de araña se va extendiendo.

El nombre Esteban viene del griego Stéphanos y significa premio, recompensa. El ahogado es paseado, admirado y reconocido por todo el pueblo. El ahogado irrumpe en la vida, en el orden establecido en este pueblo. Ahora la historia se tiene que reinventar. “El pueblo tiene conciencia por primera vez de la desolación de sus calles, de la aridez de sus casas, de la estrechez de sus sueños frente a los sueños del ahogado”. Al disponer de un nombre dejamos de ser desconocidos. Con nombre propio alguien ajeno se vuelve cercano. Un extraño se convierte en pariente. “El ahogado, comentan, habría tenido tanta autoridad que hubiera sacado los peces del mar con sólo llamarlos por sus nombres”.

19:39

Desde SASEMAR se realiza una llamada de auxilio a la Base Militar de Rota. Esta Base dispone de efectivos militares, barcos, lanchas, helicópteros, etc. La contestación es que no están en condiciones de ofrecer ninguna ayuda.

Al fin los habitantes del pueblo de dan cuenta de que ha llegado el momento de devolver al náufrago al mar. El duelo va finalizando. “Cuando lo lancen al mar habrán aprendido que sus casas tienen que tener las puertas más anchas, los techos más altos, los pisos más firmes (…)”.

20:01

El Sargazos sale al fin con una dotación de policías. Llegan al lugar aproximado donde debería estar la barca. Ya anocheció. No se ve nada. No se encuentra nada. Extintas las palabras, se instala el silencio.

Todo el pueblo acompaña al ahogado hasta el acantilado. Han decidido devolverlo al mar. ” Todos le han dado padre, madre, hermanos, primos (…); todo el pueblo se hizo pariente del ahogado más hermoso del mundo (…); el ahogado tendrá que seguir vagando y sin ataduras. Al final decidieron no atarle nada a los pies para que, si quiere, regrese cuando desee”

21:55

Aparece en la playa Arroyo Hondo de Rota, junto al Hotel Playa de la Luz, los restos de una barca. Vacía. Durante varios días (hasta el 2 de noviembre) fueron llegando de uno en uno, como si hubieran perdido toda su energía en el último minuto, los cadáveres. Dos, cuatro, diez, quince, treinta, treinta y dos…, hasta treinta y siete náufragos. Ahogados y empujados por el mar hasta las playas de La Costilla, frente a Rota; la playa El Buzo en el Puerto de Santa María; en Punta de San Felipe, en Cádiz… Ulises tuvo más suerte al naufragar en el país de los Feacios.

Hacia la media noche el capitán del carguero realizó una última llamada a Control de Tráfico interesándose por la barca. Lo tranquilizaron: “ya apareció la patera”. No dicen nada más. El capitán pensó “menos mal que no acabó en tragedia”. Sin embargo, estos ahogados no tuvieron la posibilidad de convertirse en protagonistas del cuento de Gabriel García Márquez, “El ahogado más hermoso del mundo”. A ellos no los devolvieron al mar convertidos en parientes queridos. Ligeros, sin anclas, para que si quisieran volvieran cuando lo desearan. No fueron consagrados en el mito, como Ulises, otro náufrago. No fueron inmortalizados por Delacroix en su dramática obra “Después del naufragio”. No forman parte de la memoria visual como el náufrago de la película de Robert Zemeckis. Ellos serán eternamente… inmigrantes. Una nueva categoría que los condena para siempre. ¿De dónde viene tanto olvido?, se preguntaba Paul Celan.

Durante los días siguientes, como si de un pasatiempo se tratase,  las autoridades responsables se cambian de sudario. Con mañas y añagazas cacarean despistes y contradicciones entre el Ministerio de Fomento y el Ministerio de Interior (con Ángel Acebes a la cabeza). El remolcador esperó a los policías, dice Fomento. ¡No!, dice Acebes, fue la policía la que esperó al remolcador… Suenan los cencerros para llamar la atención y desviar otras responsabilidades. El delegado de Extranjería e Inmigración, Ignacio González (actual presidente de la Comunidad de Madrid) aseguró que se hizo todo lo posible para evitar la tragedia…. Ingrato oficio el de mentir. Ridículo e infame. Ninguna responsabilidad asumida. La inmensa mayoría de la sociedad en silencio. En noviembre de 2004, la Audiencia de Cádiz dicta sentencia. Un solo culpable: el joven Hamid Echokhch, de 25 años, ayudante de patrón de la patera.

Nunca nadie dijo que desde agosto de ese mismo año, dos meses antes del naufragio, circulaba una orden que establecía no aplicar los mecanismos de auxilio salvo “manifiesto riesgo vital”.

Toda una violación del más elemental derecho. De los derechos.

Sebastián de la Obra

Sebastián de la Obra

Un hombre con piernas y memoria.
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