Raíces

La pathos andaluza

Salto de la Cimbarra, en Despeñaperros. Foto de Juan Fernández

Salto de la Cimbarra, en Despeñaperros. Foto de Juan Fernández

Manuel Onetti

La jondura del andaluz traspasa los siglos. Traspasa los campos. Verdes, blancos. Las máquinas que zarandean los olivos, las cosechadoras. Traspasa las tabernas, la suciedad. Europa, el Oriente. La jondura del andaluz es nuestro canto. La libertad. Ese misterio primitivo. Balbuceo de nuestra tierra. Tierra de jilgueros y lobos. De un grito silencioso más profundo que la seguidilla incluso. La gran y última expresión de la pathos andaluza. La que baña los ríos y los rostros del andaluz.

El progreso productivo no entiende de lenguajes prehistóricos. Los nuevos caciques que nunca se han ido no entienden de necesidades ni inflexiones. Nuestro canto y nuestra habla es una misma cosa. Un mismo corazón infinito de ruidos.

Somos un pueblo triste, un pueblo estático. Dijo ya Lorca en 1922. ¿Y qué ha cambiado en nuestro pueblo? La piel algo menos quemada por el sol. Menos curtida. Algo menos acalorado gracias al A/A. Pero nuestras espaldas siguen soportando el mismo peso. El peso del amor. De la muerte. En busca de esa señal salvadora en nuestros cielos. En la sierra. En la costa del Mediterráneo. Qué fonemas usar para expresar eso. Qué oscuridad salvar bajo la sombra de Despeñaperros. Somos el oriente hispánico. La gravedad de la psique castellana. Nada de medias tintas. O el pozo ciego o la luz. O la Pena. O tus besos. Siempre la noche realmente. Estrellas encerradas en un silo de vaguedad. Al cual no se entra con gramáticas. “Flotando en el viento como vilanos de oro” . ¡Qué espíritu el nuestro! Lleno de llantos. De Poesía. De Sangre. Una sangre hervida bajo el sol. En los campos. En los invernaderos. En el hormigón de agosto. Ahora desierto de nuevo. Elegía del capital.

Estamos destinados al infinito. El patetismo andaluz perdurará. No será borrada esta pasión. No cabe destrucción. Eso sería la resolución. El infinito plasmado. Nuestros ritos pueden ser entendidos o criticados. Incluso por nosotros mismos, hermanos. Hombres que rechazan la sencillez y a los hombres extraños. Nacidos bajo el mismo sol. Aunque no todos martirizados por él. Represores de la raza. Que no oyen ni poseen el grito. El grito eterno del andaluz. Bajo la noche.

Nota: Texto inspirado en la conferencia en el Centro Artístico y Literario de Granada el 19 de febrero de 1922 de Federico García Lorca.

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3 Comments

3 Comments

  1. Guest

    enero, 2015 at 10:00

    Creo que se suele decir más el pathos que la pathos.

  2. Nada más

    enero, 2015 at 10:00

    Creo que se suele decir “el pathos”, no “la pathos”

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