Opinión y Pensamiento

¿Cosas de mujeres?

¿Cosas de mujeres?

Por Juanma Silva.

Nunca he sentido tanto respeto a la hora de escribir sobre ideas sacadas de observaciones directas de  situaciones cotidianas.

El tema, por otra parte, merece cautela y reflexión profunda dada la facilidad con que unas mismas premisas pueden ser tachadas de intolerables por los dos bandos entre cuyos gritos suele disolverse cualquier intento de explicar la realidad desde fuera de los dogmas al uso, tanto el machista como el feminista, que hacen bueno aquello de “los dos extremos se tocan” y cuyos sacerdotes y sacerdotisas tienen por costumbre no hacer prisioneros.

¿Dónde y cómo pueden advertirse las diferencias de género que existen? ¿Qué papel tiene la mujer en occidente? ¿Se ha superado la construcción simbólica de lo femenino que hace la sociedad patriarcal? O por el contrario ¿se vive aun bajo un paradigma patriarcal que supedita a la mujer a un rol secundario? Y por supuesto ¿sirven las políticas que se han venido llevando a cabo para subvertir la triste sumisión de la mujer y el hombre a los papeles que se nos encargan por tener uno u otro sexo?

Como vemos, las preguntas producen vértigo y entrar a dar una respuesta puede hacer que nos metamos en un berenjenal de dimensiones astronómicas. Ojalá logremos llegar al menos a otras preguntas que inviten a otros con mayores dotes seguir la discusión con la tranquilidad de saber dónde está el cadáver del último intento.

Para las ideas que se van a lanzar, se ha usado el material que se ha ido recopilando durante seis años de docencia y otras observaciones de la realidad cotidiana que se enmarcan en el ámbito de la comunidad andaluza. Si bien se ha podido trabajar con personas de más de treinta nacionalidades, la toma de conciencia de la carga de género que lleva toda acción planificada y realizada por las personas se ha producido durante el último año, por lo que la certeza que se tiene de una importante uniformidad en los comportamientos de cada sexo puede deberse a factores estéticos que se observan, entre otros, en la red social (con objetivo comercial) Tuenti (de este destructivo objeto podríamos hablar otro día). Lógicamente, esta estética puede mostrar un universo simbólico concreto muy similar.

¿Dónde y cómo pueden advertirse las diferencias de género que existen?

No se va contar nada que no se sepa. Estaría bien empezar por la escuela, pero pasearemos primero por el mundo exterior y aterrizaremos dentro de las aulas.

Una boda cualquiera es un lugar extraordinario para poner en marcha la recién comprada antena de género y comenzar a recibir información. Como marcan los cánones para cuando se visita a los invitados buscando el intercambio de regalos de rigor, los novios suelen entregar un pequeño obsequio a la vez que reciben el sobre que paga el banquete. La mayoría de las veces, el presente está cargado de simbolismo. Por ejemplo: una botella de vino o un puro habano para los hombres; alfileres, ambientadores o ambas cosas para las mujeres. Si se preguntase a los novios el porqué de este regalo, seguramente podrían contestar “es lo normal” y con una probabilidad muy alta nunca aceptarían regalar alfileres a los hombres y vino a las mujeres. Esta elección de regalo no es inocente. Se obsequia a cada cual con algo que haga posible desplegar sin reservas su rol de género.

De la boda también espera la sociedad cosas. No es raro que a esta le suceda un embarazo (espero que se entienda que esto es una simplificación de la realidad. Afortunadamente se pueden tener hijos sin boda y eso no crea aquí alarma y rechazo social como hace pocos decenios). Una familia previsora querrá tener todo preparado para cuando nazca la criatura y para ello es fundamental la preceptiva ecografía. Descartada cualquier anomalía, la ecografía se convierte en un objeto precioso ya que nos dirá con tiempo suficiente el sexo del nonato, pero ¿tiempo suficiente para qué?

Conocido el sexo, los padres preparan la habitación, juguetes, ropa, calzado y adornos personales atendiendo solo a criterios de género. Nunca en la vida, tal vez, lo que nos rodea indica tan claramente lo que somos y se espera de nosotros. Siendo la diferencia física de un bebé recién nacido nula, de forma que si lo vestimos de blanco es imposible distinguir su sexo, se eligen los colores terribles que serán marca de Caín para toda la vida. Azul y rosa. O similares.

Estos signos de distinción, insignificantes aparentemente, penetran tan hondo en nosotros que se asumen como algo normal, natural y por tanto no tiene más remedio que ser así. Dicho de otro modo, no tenemos consciencia de este rasgo cultural de nuestro mundo occidental que dice que las mujeres y los hombres no son iguales y deben diferenciarse desde la cuna.

Para cuando ingresamos en el colegio ya hemos visto varios cientos de veces películas de Disney y anuncios de Fairy, por lo que la marca de Caín no ha hecho más que agrandar hasta ocupar por casi por completo el pensamiento subconsciente. En casi todos los casos, el espacio que quedaba libre lo llena la escuela maravillosamente, perpetuando las relaciones nocivas de género que tanto fustigan a la mujer como empobrecen y degradan al hombre. Es triste constatar que si el maestro o la maestra no repara en esta dimensión subconsciente de las relaciones de género, acaba por afianzar los roles asignados por mucho que use el controvertido pero necesario “alumnos y alumnas”. De este modo, es indignante asistir a las representaciones de navidad (pastoras y pastores), carnavales (hombres-araña y princesas) o bailes de fin de curso (shaquiras y piqués) donde una y otra vez se está marcando a fuego, estigmatizando, reproduciendo el modelo patriarcal y el papel secundario de la mujer cuando no se la objetiza directamente.

Seguimos en la escuela, ahora secundaria. En una clase con alumnado de 12 años el profesor preguntaba qué bueno tiene ser hombre o ser mujer. Las respuestas de los chicos se escribían en rosa, las de las mujeres en azul. Nadie estaba contento con el color porque no era el suyo.

Mayor profundidad tiene otro experimento. Entregar la clase al grupo y ejercer la docencia con un enfoque distinto al tradicional puede llevar a generar un clima de entrega emocional recíproco entre el profesor y el alumnado en el cual es sencillo llegar al tuétano del pensamiento de cada individuo del grupo. La mano invisible que ha moldeado la conciencia del alumnado queda al descubierto cuando se realizan producciones propias que no están condicionadas por ninguna nota o un modelo que represente lo correcto. En las historias que esta misma clase de la que hemos hablado escribió, resultó encontrarse el rol asignado con tanta fuerza que todos los relatos estaban condicionados desde su primera palabra por este papel social de cada sexo.

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Lo que no te cuentan de Andalucía, la Andalucía que no te cuentan.
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