Literatura

Lobo y Anisa la morita

Lydia Pérez Horcas

Lydia Pérez Horcas

Venturas y desventuras de una maestra rural.
Lydia Pérez Horcas

Latest posts by Lydia Pérez Horcas (see all)

Lobo y Anisa la morita

Había caído la noche. Las calles de Alcalá se extendían en la creciente oscuridad como hileras de luceros en su subida a la fortaleza. Me seducía la idea de creerme en esa época en la que lo oculto, lo místico y lo mágico se interpretaba a través de las señales en el cielo. Mi hermana Isabel, y yo, subimos al mercado medieval. Esa noche de Agosto, había luna llena y cuenta una leyenda árabe que si una mujer duerme o danza a la luz de la luna llena su fertilidad estará asegurada. Así que, aceptamos correr el riesgo.

Ya en lo alto, el resplandor de la luna te enredaba en una espiral de luces ambarinas y tacto de cera. Cerré los ojos embelesada y me permití una respiración profunda de esas que roban la sustancia al aire. Isabel, mientras, se entregaba a una especie de danza siguiendo el ritmo de darbukas y sumbatis. Yo, prefería seguir recostada sobre la muralla de piedra que conformaba la ladera norte de aquella majestuosa fortaleza, la fortaleza de la Mota. La brisa, ya fresca, intercedía en muda conversación con el espíritu de musulmanes y cristianos a los que me imaginaba llegando fatigados de sus sangrientas batallas. De súbito, me pareció escuchar a mis espaldas el aullido de un lobo por aquellos Tajos, me estremecí de tal forma que de un respingo me bajé de aquel poyete.

Debía estar bastante somnolienta porque a la par que me componía, me parecía escuchar un quejido que se escapaba entre las ranuras de aquella calzada empedrada. Al llegar a casa, abrí los portoncillos de los faroles que aluzan la entrada, aliviando así, el candor de llamas que prudentemente consumieron velas almizcladas. Tenía sueño y al lanzar mi bolso a los pies de la cama, cayó al suelo mi bayetilla de limpiar las gafas sonando con un ruido metálico, provocado, por una chapita aboyada, picoteada, vieja… ¿de dónde habrá salido esto? Recordé que en el castillo se me cayó la bayetilla que con las prisas recogí arrebañando el suelo. Parecía una paloma… una mano quizá… la devolví al interior del bolso.

Ya en la cama, cerré los ojos y con la voluntad trastornada me fui abandonando. Lo siguiente que recuerdo es a mi misma entre muchos tenderetes, regios unos, desvencijados otros, especias, semillas, esparto… ¡estoy en un mercado medieval! De unos portalillos se escapa el martilleo de un fraguador, y al final veo a una mujer aderezando unas albóndigas de arroz en un caldero de barro. ¡Lola, no te quedes ahí parada! ¡Sígueme! ¿Pero quién es esta mujer? Un alborotado polvo nos nubla el paso, y como en procesión empiezan a llegar militares con lanzas y cimitarras. Se disipa el recuerdo y aparezco tras una torre que reconozco, si… es “la torre del Homenaje” del castillo de la Mota.

La desconocida muchacha me tiene de una mano cogida, abre mi puño, deposita en él un retalito de tela y me hace un encargo: busca al “lobo” el alfaqueque cristiano, lo reconocerás por su altura y hombría, entrégale esto de parte de Anisa, como prueba de mi amor y dile que nos veremos donde siempre, con la ayuda del almogávar, en la hora en que “Qamar” rinde su máximo homenaje a Alá. ¡Corre Lola, corre!

Obedecí y empecé a correr azarosamente esquivando aquella calzada pedregosa, tal era mi ímpetu que mi brazo izquierdo chocó inevitablemente con dos enormes haces de tomillo y menta que un hombre llevaba. Ambos caemos al suelo, a él se le desparraman sus hierbas y de mi se despide el retalito de Anisa que se desata descubriendo una medallita con la mano de Fátima junto a una nota: “En los jardines del sueño nos daremos una cita… ANISA”, el señor de las hierbas me arrebata la nota y da voz de alarma ¡mora traidora! Estallan gritos y un fuerte temblor resquebraja el suelo, apenas logro levantarme unos centímetros vuelvo a caer.

Al fin consigo sostenerme y a lo lejos veo al “lobo” que vislumbrando lo que se venía encima y sobre un caballo castaño corre hacia la torre del Homenaje donde aún permanece Anisa. Tras él, todo un ejército inquisidor gritando ¡Alá os maldiga! “El lobo” alcanza a Anisa que llora desconsoladamente, la besa al vuelo y la morita monta en el caballo, pero una lanza enviste al animal de los enamorados y el cuadrúpedo cae retorcido sobre sus patas traseras.

Anisa sale despedida y es apresada por uno de los guerreros moros. “El lobo” también es reducido. El desgarrador llanto de Anisa no da tregua a aquellos guerreros hijos de la frontera y me veo cerca de Anisa pero no puedo tocarla, sus ojos verdes inundados en lágrimas me miran firmemente y le imploro a la vez que me arrodillo: ¡perdóname Anisa, perdóname! A lo que ella sentencia: “quien cabalga por el mar, no tiene miedo a hundirse” y acto seguido es llevada a lo alto de la torre del Homenaje, lanzada al vacío y engullida por el suelo.

“El lobo” emite un hiriente aullido en lo que una anónima gumia lo degüella. El día se apaga y aparece “Qamar” de un color azafrán intenso, toda una luna de sangre. Arrodillada aún, sobrecogida en mi dolor, contemplando aquella mano de Fátima que ya volvía a tener en mi poder, me sobrecogió un sentimiento de culpabilidad que me paralizó por completo… y todo se volatilizó…

Logré despertar, sudada y lloraba de verdad. Me sentía culpable por “un sueño” y no sabía cómo liberarme. Isabel, testigo directo de mi malestar me convenció para desayunar en el quiosquito del parque. Sin oponerme, me metí en la ducha y al esparcir el gel por mi cuerpo noté que un fuerte escozor me ardía en el brazo izquierdo, conforme el agua arrasaba con la espuma, se iban descubriendo unos arañazos, ¿cuando me he hecho yo esto? no puede ser… el recuerdo del choque con los haces de tomillo y menta me arrastró de nuevo a esa sensación tan confusa en la que no sabes si estás despierta o por el contrario sigues soñando.

Salí del baño atormentada, ¡Isabel mira! ¡Me lo hice en el sueño! Lola, no digas tonterías te lo harías ayer, no dejabas de restregarte con todas las piedras, incluso diste una cabezada sentada y apoyada en la muralla ¡no le des más vueltas! Ya sentadas en la terracita, un recuerdo me sobresaltó. Cogí el bolso, lo abrí y desplegué la bayetilla de limpiar las gafas… la chapita de la noche anterior cae bajo el platillo de mi cola-cao. Las manos no atinaban a rescatarla hasta que al fin lo consigo, la examino y miro a Isabel. ¡Por dios Lola! deja de jugar con las monedas y échame cuentas. Isabel, no es una moneda, es una mano de Fátima, la medalla de Anisa para “lobo” , la historia me está reclamando lo que es suyo.

La siguiente luna llena, Isabel y yo, aprovechando una visita nocturna, subimos a la fortaleza, nos dirigimos a la torre del Homenaje y empezamos a buscar alguna rendija por la que introducir aquella medalla. En el momento en el que encontramos un hueco en la parte inferior del arco de entrada, un aullido de lobo nos hizo retroceder y un pequeño remolino que se alzaba desde el suelo me arrebató la mano de Fátima y tras el remolino una brisa “jarcheando”: “Tant´ amarí, tant´amarí / Habib, tant´ amarí…” (tanto te amaré, tanto te amaré, mi amor…)

Y tras la jarcha, la tranquilidad de mi alma.

secretOlivo es una revista y web de Cultura Andaluza contemporánea

Archivos

secretOlivo.com utiliza una licencia Creative Commons. (CC BY-SA 3.0)

parriba