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A Juan Carlos Rodríguez ‘El gurú’, el último disidente lúcido

Juan Carlos Rodríguez

A Juan Carlos Rodríguez ‘El gurú’, el último disidente lúcido

Ha muerto Juan Carlos Rodríguez, el cátedro de Teoría de Literatura que siempre puso en cuestión desde el marxismo cualquier dogma literario.

Juan Carlos me enseñó el lado oculto de la luna literaria, el cómo las cosas no son como nos las han pintado y enseñado, a romper todos los clichés, a colocar interrogaciones en cualquier premisa aceptada. Y sobre todo a tener conciencia social como escritor, periodista, literato, creador, que las cosas son para los demás, un defensor de la literatura de la aprojimación, de la ‘utilidad’ (término dilapidado por el análisis mercantilista) de la literatura.

Fue el gurú de la ‘Otra sentimentalidad’, el teórico, el de la parte conceptual, quien llevó las teorías de Althusser a la poesía contemporánea, a la de finales del siglo XX, y que todavía ha marcado con sus principios y lecciones la actual creación literaria de algunos, como diría Benedetti, ‘militantes de la vida’.

Reducir su ingente labor como filósofo de las letras a su participación casi tutorial en el movimiento poético granadino de los ochenta sería caer en la trampa enemiga de algunos de sus reductivistas interesados. Fue un grande que se acercó a lo más pobre, que señaló la llamada literatura del pobre, que descubrió la mirada de la cosa de la literatura desde abajo, la de los humildes, la de aquellos que no entraron en las más nobles páginas de la filología tradicional y clásica: la burguesa, para no andar con medias tintas.

Mantuve como periodista cultural multitud de conversaciones y charlas sobre literatura, siempre con una Alhambra 1925 de por medio, que se convirtieron en lecciones magistrales no solo literarias sino de vida, y de lucidez. Juan Carlos Rodríguez, ‘El gurú’, me abrió los ojos para ver el mundo desde el punto de vista del pobre, de ‘La literatura del pobre’ y colocar dudas en las frases hechas del capitalismo literario, que también existe y que tanto daño hace.

Me mostró las trampas del lenguaje blanco y de las grandes palabras, que forman parte de los disfraces conceptuales del discurso capitalista. La persuasión del capitalismo tiene muchas máscaras y disfraces, algunos de ellos con apariencia de falso progresismo. En uno de nuestros últimos encuentros me comentó que iba a publicar un libro con las entrevistas que le habían hecho y que incluía algunas que le realicé. Fue todo un acto de cariño.

Hoy, en estos tiempos de nebulosas confusas, de cortinas de humo en forma de nube virtual, de mensajes subliminales y de numerosos discursos pseudoprogresistas, le agradezco a Juan Carlos me diera esa especie de detector mental para poder desenmascararlos y separar el oro de la paja, que hay mucha.

Quería a Juan Carlos y le quiero como maestro, como a uno de esos personajes imborrables y fundamentales que marcan la carrera de todo un grupo de artistas. Y no, no me quito el sombrero, y que nunca se lo quite nadie, ni academias ni cualquier otra institución y ahora para siempre quede como silueta en el aire, el hombre del sombrero, su lección de libertad y de amistad.

Hasta siempre.

Juan Luis Tapia

Juan Luis Tapia

Periodista cultural por adicción más que por vocación, libertario en peligrosa libertad y editor independiente en el otro extremo de los Lápices de Luna.
Juan Luis Tapia

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