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‘Gurumbé, canciones de tu memoria negra’

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‘Gurumbé, canciones de tu memoria negra’

Por Paco Sánchez Múgica

Hay olvidos históricos tan imperdonables como, probablemente, interesados que hurtan el importantísimo fenómeno esclavista en España. Y hay incluso quienes sin descartar este fenómeno que hunde sus raíces en el siglo de oro, niegan su influencia en nuestra historia y, especialmente, en el imaginario y en la cultura andaluza. Andalucía es tan mora como negra. Lo primero quizás lo tengamos por una obviedad, lo segundo siempre ha tendido más a extirparse. Pero está. En el acervo cultural, en nuestra manera de movernos, de escenificar la fiesta, de sentir la religiosidad. Nuestro ADN está impregnado de África, y el antropólogo y cineasta jerezano Miguel Ángel Rosales se ha empeñado en visibilizarlo con Gurumbé, canciones de tu memoria negra. Después de diversas experiencias rodando cortos, su primer largometraje, un formato documental que le ha costado cuatro años de trabajo de campo, está a punto para su estreno, buscando salas en las que exhibirse. “Habría que tener esa conciencia de que África está mucho más cercana de lo que creemos. Ese tren maravilloso que va desde Sevilla hasta los Puertos, la Baja Andalucía, tiene una genética africana muy importante. África está debajo de la piel, está muy cerca”.

Cuenta Rosales que su primer objetivo es que la cinta se vea. El segundo, abrir el debate en una época marcada por la tragedia migratoria en las costas europeas. “Me sentiría muy satisfecho si sirviera para abrir un debate sobre la identidad de este país, o que al menos sirviese a ese debate histórico sobre quiénes y qué somos”. Producida por Intermedia, realizar Gurumbé no ha sido fácil. Su autor confiesa los quebraderos de cabeza para armar y ultimar el proyecto. “El proceso ha sido complicado, sobre todo porque cuando te planteas un trabajo de cine, con determinada estética, y es parejo a una investigación, la producción se va haciendo en paralelo y eso lo dificulta todo”.

gurumbe

El teaser del documental ya avanza la estructura narrativa, que intercala entrevistas con investigadores como Aurelia Martín Casares, Arturo Morgado, Abuy Nfubea, entre otros, con material documental que ilustra toda la reflexión que encierra el metraje: ya sea en una zambomba en la peña Tío José de Paula de Jerez, en plena procesión de la cofradía de Los Negritos, en Sevilla, o captando las danzas africanas de la región de Thiès, en Senegal. Además, también se encuentran los testimonios de músicos que viven esa experiencia de lo negro en la música flamenca, caso de Raúl Rodríguez, y la voz de Cándida la Negra, una vecina de El Puerto que fue probablemente la última mujer que conoció la esclavitud en España.

—¿Por qué se lanzó a por este tema?

—A veces los proyectos te eligen a ti. Es un tema del que había escuchado hablar, sobre todo de la población negra que hubo en Sevilla, pero no sabía que había sido tan generalizado en toda Andalucía. Un día, en una reunión con algunos amigos que venían de la universidad de México, salió el tema y ahí empiezo a indagar. Empecé hace casi cuatro años, es un proyecto que se ha ido formando muy poco a poco. Al principio fui muy en la parte de la búsqueda musical, estuvimos en México, una parte en Senegal, pero creí que a nivel de película quedaba mucho más interesante unir los dos temas: la herencia cultural, que se ve sobre todo en la música pero no solo, y toda la parte completamente desconocida de la participación de España en la trata de esclavos. No la participación sino que prácticamente es la pionera, con Portugal, en abrir los mercados de esclavos, la que inicia toda esta gran acumulación de riqueza que va a traer la esclavitud, y que ya después Inglaterra, Holanda, Francia… van a llevar al paroxismo. De alguna manera España inicia eso que siglos más tardes dará pie al sistema colonial y capitalista del siglo XIX. 

—¿Cómo arranca la producción de este trabajo?

—Inicié una especie de búsqueda; no fue una investigación porque no fui a las fuentes, sino que busqué a la gente que había estado investigando sobre el fenómeno esclavista en España. Me sorprendió muchísimo la importancia que había tenido el tráfico de esclavos en España, y además de la importancia a nivel numérico que esta población había tenido, reparé en su importancia a nivel cultural. Como antropólogo me empiezo a interesar por cómo habían sido las relaciones entre esta población y los distintos ámbitos de poder que podían darse en aquella época. A partir de ahí se van sucediendo las preguntas que construyen el documental.

Secuencias de Gurumbé. Lisboa: un hombre de color con barba cana susurra una letra entre el funky y el soul. “Un día me dijeron: Tú eres un ser diferente y a partir de hoy tienes que sufrir”. Acto seguido, suena el tres cubano de Raúl Rodríguez en la frontera entre España y Portugal, en pleno río Guadiana, en la ida y vuelta continua y decisiva con el Caribe: “Cuando empecé a componer fui buscando esos sonidos negros que dicen que hay dentro de la música andaluza”. La profesora Aurelia Martín Casares repasa documentos en el archivo —en 1424 arranca la presencia documentada de esclavos en los protocolos notariales—: “Popularmente, todo el mundo pensaba que en España no hubo esclavos, y solamente para la tesis sobre la Granada del siglo XVI encontré 2.500 documentos de compraventa de esclavos”. Efectivamente, el fenómeno esclavista fue un “boom”. En Sevilla y en Jerez, el 10% de la población era negra. En Cádiz, tres cuartos de lo mismo. Eso tuvo que calar. Sus condiciones, además, no son probablemente las que todos estemos pensando.

“No es una esclavitud a latigazos trabajando en el campo, que probablemente la hubo, pero la urbana es mucho más libre, tiene más interacción con la población. Es una esclavitud distinta, participan de alguna manera en la vida de la ciudad, entran y salen de las casas, venden, hacen pequeños trabajos para sus amos…” Sus formas y maneras calan. En paralelo, cuenta Rosales, “el único espacio de libertad que se les deja es el religioso y eso hace que formen hermandades como espacios de comunidad y de visibilidad hacia el exterior. Es bastante probable que de ahí vengan muchas de las vírgenes negras y de los santos negros que hay en Andalucía, por ejemplo en Jerez tenemos la Merced”.

La esclavitud no fue algo anecdótico en España. La población negra, especialmente en la Baja Andalucía, no solo contribuye a amasar las fortunas de muchos comerciantes que partían de Sevilla y Cádiz, sino que influye en la sociedad de la época. Dice Eloy Martín, profesor de Historia Moderna de la Pompeu Fabra, que el escritor Eugenio de Salazar, en el siglo XVI, “daba cuenta de uno de tales bailes guineos, el Gurumbé, que también aparecía en el Baile entremesado de negros de Francisco de Avellaneda y en la Mojiganga que se hizo en Sevilla en las fiestas del Corpus de 1672”.

—¿Se ha silenciado esta influencia?

—Ha sido completamente silenciado. Quizás no conscientemente pero está claro que se ha formado una idea de lo que tiene que ser la imagen étnico-religiosa muy concreta de este país. Y eso afecta en el sentido de que la parte negra, especialmente en el sur, no ha tenido absolutamente ninguna huella en la historia oficial. En todo el teatro y la literatura del siglo de oro se ve la presencia del negro, estereotipado, haciendo burlas de esos personajes, pero está ahí.

—¿Hasta dónde llega la herencia?

Son sobre todo historias expresivas que probablemente han quedado en nuestra forma de movernos, en la cocina, en mucha de la espiritualidad y religiosidad que tenemos aquí en el sur, y creo que se puede rastrear en la música. No es que el flamenco venga de la música negra pero probablemente muchos palos de lo que hoy significa el flamenco tienen una base muy importantes en bailes que trajeron a Andalucía los esclavos negros.

Todo esto se mezcla y se remezcla con todos los viajes al Caribe, no se puede hablar de una ida y vuelta, sino de una continua influencia, una gran sopa cultural que se forma en el Caribe afroandaluz. En ese triángulo entre el Golfo de Guínea, el Caribe y Andalucía, se forma una gran mezcla cultural de donde han salido muchos de los ritmos y palos del flamenco. Lo vemos muy claramente en la forma de hacer la fiesta, en las zambombas, en esos corros donde hay una figura en el centro demostrando una forma peculiar y personal de bailar, eso no se ve en ningún otro baile europeo ni de la península ibérica. De esa herencia también es muy importante el ritmo, los compases de tres y dos los traen los esclavos de África, que no solo influyen en la música popular ibérica, sino que es una influencia muy potente en el barroco europeo. Está en Bach, en la zarabanda…

Miguel Ángel Rosales ha convivido desde siempre con el cine. Su padre, proyectista y cineasta amateur, le anticipó la pasión que le desataría en su adolescencia el cine-club popular de Jerez. Absorto en la bellaza nórdica de Bergman y en la voluptuosidad latina de Fellini, al final se tiró a la música por ser un medio de expresión “más directo y más económico en aquella época”. Compuso cientos de canciones para Fatal Tango, el grupo que compartió con “mi hermano-primo” Manuel Mateos. Luego se afincó en Sevilla y se licenció en Antropología. Ahora, gracias a Gurumbé, ha reconciliado sus dos pasiones: “La vieja, el cine, y la nueva, la antropología”. Este primer largometraje es su manera de romper con el olvido histórico que, de una manera o de otra, ha hecho que el “negro sea lo otro, el esclavo”, y ha obviado eso que ha quedado de lo negro en nuestra cultura. Eso que no tocamos ni vemos pero que está bajo la piel.

Original en LaVozdelSur

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