La Sandunguería

Desidia

Fernan Camacho

Fernan Camacho

Soy un tipo normal que un día juntó dos palabras y alguien, no recuerdo quién, me dijo que el puzzle no estaba mal. Después descubrí que las noches que no escribo suelo nacer muerto al día siguiente. En otro orden de cosas, nato el 15 de junio de 2013, en Sevilla, y actual estudiante de Derecho y Ciencias Políticas. Nada que ver.
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Hace mucho que no escribo de política porque no tiene sentido escribir el hecho de que no está pasando nada, salvo si lo que quieres decir es que el hecho de que no esté sucediendo nada a ti te genera una sensación, por ejemplo, desidia.

Leo en alguna parte que tenemos lo que merecemos, no lo creo. También leo que, de alguna forma, no le podemos exigir a los políticos y políticas cosas que nosotros no haríamos… Psé. Lo último es comparar la corrupción mundana con la corrupción pública, ya saben, “no se le puede echar la culpa a los políticos de que roben cuando tú te llevas bolis de la oficina”. ¿Qué oficina? Dirá el veinte por ciento en paro. En fin…

No me merezco que un presidente tarde una semana en proponer una fecha de debate de investidura para que justo cayesen unas terceras elecciones (ya ven ustedes) justo el día de Navidad. No me lo merezco yo, ni se lo merece nadie. Y el fallo no es de los que le han votado, el fallo (humano, es decir, la malicia) es la de Rajoy y de la Presidenta del Congreso que se lo permite y, lejos de ser la figura de Estado (ya ven ustedes) que una democracia merece, ha sido una representante del PP.

Sí le podemos exigir a los representantes públicos cosas que nosotros no haríamos, para eso pagamos. Principalmente porque ya quedan pocos habitantes por aquí que no se tomen una cerveza con una persona de la ideología contraria y no lleguen a un acuerdo. Lo que pasa es que no tienen cámaras delante.

Y no, no es igual llevarse un bolígrafo de la oficina que birlarle un euro a las arcas públicas. Ambas cosas están mal, pero robarle a cuarenta y siete millones de personas y aprovecharse de la arquitectura de los poderes públicos para, además, hacer como que no lo has hecho. Disculpen, pero no.

Aparte de esto están los jefes de la Constitución que no respetan la presunción de inocencia o los que opinan libremente que la libertad de expresión está bien según convenga.

Hay buena gente en la política de España, claro que la hay, pero, qué quieren que les diga, este baile entre Rajoy y Rivera (que quiere hacer un pacto sobre vampiros con Drácula), este estar sin estar de Sánchez y este buitreo de Iglesias me causan mucha desidia. Traducido a lo local, que en un país como España y dadas las competencias importa tanto como lo estatal, todo esto se traduce en que las Comunidades Autónomas no existen salvo que den votos (véase Cataluña) o tengan unas elecciones pronto (País Vasco y Galicia). Andalucía sigue siendo el ungüento amarillo de la política española, que para todo vale, y para nada sirve. Y eso me redondea la desidia.

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