Raíces

Soberanía y dignidad

Diamantino con jornaleros del SOC
Antonio Sánchez Morillo

Antonio Sánchez Morillo

Periodista y miembro de la Asamblea de Andalucía. Soy Nacionalista andaluz el único nacionalismo que permite ser libertario. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio
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Andalucía: Soberanía y dignidad

No existe proyecto político innovador que no contemple la asunción en paralelo de un comportamiento radicalmente  ético. Las nuevas formas de hacer política deben corresponderse con nuevas actitudes organizativas y de referente de valores.  No se pueden articular   nuevos relatos,  con personas que han sido proyecciones sociales de profesionalización de la política. Ya no son creíbles proyectos piramidales, personalistas o que no pongan el colectivo como la piedra angular de la configuración organizativa.

Desde mi experiencia personal, el SOC fue referente de un nuevo modelo organizativo anclado en la participación de diversas culturas políticas pero con claros signos de unos valores éticos que resaltaban en sus dirigentes.  Sin ser jornaleros, Diamantino, Casero, Juan Manuel, Lara, Silva, Paco Ortiz, Antonio Gómez,… compartíamos unos códigos éticos que nos diferenciaban del resto de los sindicatos e incluso de los partidos políticos de izquierdas (PCA, PTA, MCA,….) Códigos, por otra parte, que se concretan y se refuerzan con las aportaciones de los  dirigentes jornaleros de nuestro Sindicato. Gonzalo Sánchez, Pepi Conde o Diego Cañamero.

El papel que juega el SOC durante la transición  no abarca solo, ni siquiera fundamentalmente, las luchas laborales o la consecución de más días de empleo comunitario. Es la lucha por unas mejores condiciones de vida en nuestros pueblos, lo que conlleva la participación en la demanda de escuelas, hospitales,  ambulatorios, planes de repoblación forestal, cooperativas, o  las campañas para que las mujeres se afilien a la seguridad social, primer paso para la defensa de las jornaleras en pie de igualdad.  La lucha del SOC se encarna en la defensa de la DIGNIDAD de  Andalucía,  en muchos momentos, casi en solitario y entronca con el andalucismo histórico de Blas Infante y la Junta Liberalista.

Tras las banderas andaluzas que se enarbolan en las ocupaciones simbólicas o en las carreteras que jalonan nuestra tierra se proyecta un discurso muy simple. PAN, TRABAJO; TIERRA y DIGNIDAD: Pan y trabajo para los jornaleros, tierra para las cooperativas. Dignidad para Andalucía a la que habíamos definido en nuestro primer congreso como una nación.

Nuestra definición, a propuesta de la sierra sur de Sevilla y que contraria con la oposición del sector internacionalista del PTA (Morón y El Coronil , sobre todo) y apoyado por Casero y por sectores andalucistas de PTA  no venía definida por nuestro conocimiento del estudio de Blas Infante, si bien estudiosos de su obra como  Isidoro Moreno, Enrique Iniesta y José María de los Santos habían mantenido reuniones con los dirigentes de la Sierra Sur,  sino fundamentalmente por su experiencia de temporeros. A raíz de sus continuos traslados a otras naciones del Estado, los jornaleros de la Sierra Sur perciben que tienen otra identidad. Que el ser andaluces conlleva un lenguaje diferente, una forma propia de relacionarse, de culturas del trabajo. El temporerismo, por tanto, tiene mucho que ver en la facilidad con que los jornaleros asumen su conciencia de pueblo y por otro lado, el nacionalismo como instrumento de liberación de Andalucía.

Nuestro andalucismo iba ligado a la defensa de lo concreto. Nuestras banderas blancas y verdes son símbolos de rebeldía contra una Andalucía que pasa de los señoritos del régimen franquista a la oposición contra las promesas incumplidas del nuevo poder. Son banderas solidarias con todas las luchas que se producen en nuestra tierra. Banderas verdiblancas que reclaman derechos humanos. Banderas solidarias que denuncian la opresión contra el pueblo saharaui,  el bloqueo contra Cuba o la denuncia del genocidio que significo la conquista de América. Banderas que acompañan a los zapatistas o que reclaman una verdadera soberanía alimentaria.

Las luchas nacionales del SOC están ahí. Nadie de buena fe puede obviarlas. Significaron un hito histórico para el conjunto del pueblo andaluz.  Articular relato histórico, argumentaría político y códigos éticos es la mejor herencia que ese SOC dejó como legado  a las  luchas por la Dignidad de Andalucía. El SOC no quiso o no pudo, creo que para  definir esta cuestión sería imprescindible otro debate, articular políticamente un proyecto político soberano. La inclusión de la CUT en IUCA fue negativo. Si bien la CUT incide de una manera trascendental en las reivindicaciones andaluzas de esta fuerza política, Andalucía no se cierra o la deuda histórica, grupo parlamentario andaluz,  no es menos cierto que el discurso nacional queda solapado, los códigos éticos totalmente olvidados y las prácticas políticas se convierten en las propias de un partido por mucho que IU del Sur se autoproclame como “movimiento político y social”.

Mucho se habla del fracaso del andalucismo político. Muchos análisis, discursos, manifiestos o  intentos de recuperación casi con los mismos protagonistas.  Que el andalucismo este de nuevo en la mesa de la actualidad no me parece mal. Que de nuevo se intente plantear un andalucismo como piedra arrojadiza de unos contra otros,  con unos objetivos  exclusivamente electoralistas creo que es una nueva equivocación

Sin embargo, en mi opinión uno de los hechos fundamentales que señalan de una forma inequívoca el fracaso del andalucismo político es su falta de participación en el que ha sido sin duda en elemento político más importante de los últimos tiempos. El  15 de Mayo.

Esa fecha es un nuevo hito en la lucha popular. Las plazas de los pueblos y ciudades andaluzas se llenan de nuevos movimientos sociales. Mareas, plataformas. Nuevos discursos, nuevas prácticas organizativas. Nuevos códigos éticos de interrelación.  Nuevos ecosistemas comunicativos.

Pero, Ay, en esas plazas no hay las banderas andaluzas. Banderas verdiblancas que denuncien que Andalucía siga teniendo el mayor índice de paro de toda Europa. Que sigue en los primeros puestos en feminización de la pobreza, que los recortes en sanidad son tan criminales como los que realiza el PP en otras zonas del Estado, que en Andalucía también hay miles de familias que pierden sus casas. Los nuevos referentes  sociales   o desconocen el significado de las luchas jornaleras y andalucistas o asumen en gran medida el relato andalucista hecho y construido desde el poder.  Andalucía como proyección política se identifica con uno de los elementos fundamentales sobre los que se asienta el poder.

El pueblo que fue capaz de romper el proyecto territorial que emanaba de las reformas del franquismo, asume un papel subordinado en la nueva transición.  Solo desde una Andalucía, soberana, con capacidad de ser sujeto político de su propio futuro, se puede articular una respuesta al régimen. Aquellos que piensan que es posible un cambio sustancial en la configuración del Estado sin que Andalucía apueste por ese cambio, se equivocan. Andalucía fue y  sigue siendo imprescindible para lograr una sociedad más justa y solidaria. Con nuevos referentes éticos y políticos. Con nuevos ecosistemas comunicativos. Con nuevos discursos y relatos pero siempre enraizados en la realidad nacional de nuestra tierra.

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