El Olivar

“Te estás enamorando del malo, imbécil”

Te veo contento, amigo. Ilusionado incluso. Eufórico, vaya. Tu partido no deja de subir en las encuestas. ¿Qué puesto le dan ahora? ¿Segundo? ¿A unas décimas del PP? A tu líder, Rivera, se le ve un poco nervioso, como un niño incapaz de coger el sueño en la noche de reyes, pensando que a la mañana siguiente igual le cae la Playstation 4.

Lo mismo acaba de presidente el tío, sin esperárselo. O lo que es casi mejor, decidiendo quién será al final el presidente, con poder pero sin mancharse las manos, echando el pito pito gorgorito entre  Pedro Sánchez y Rajoy (o Soraya). Desde luego no está nada mal, Albert. Llevo unos días, de todas formas, preguntándome por ti, por los que estáis convencidos de que Rivera es el hombre que nos va a sacar del pozo. Ciudadanos, si no me equivoco, lleva en la política española desde hace unos diez años.Hace solo dos, sin embargo, si alguien te hubiera dicho que terminarías votándoles habrías puesto cara de puzle. Pero el caso es que entiendo tus razones.

Estás cansado de lo de siempre. Del PP y del PSOE. De Bárcenas, de las tarjetas black, del lodazal de Bankia, Rato, las preferentes. Y también de González y Zapatero, y los ERE de Andalucía y de UGT y Comisiones. O sea, de todo. De la putrefacción de las instituciones. Del ínfimo nivel de la clase política. De vivir gobernado por el político más inútil que ha dado la historia desde que Calígula hizo cónsul a su caballo. Te asquea que tengamos un nivel de corrupción propio de la Italia de Berlusconi. Te deprime que el paro juvenil duplique el de Eslovaquia. Y tienes amigos que ya no pueden más. Que se han ido a probar suerte a Londres, a Munich o a Copenhague. Y que además no viven en las casas de dos plantas de Españoles por el mundo, sino que comparten habitación pagando la mitad de su sueldo. Igual tú eres uno de esos que se ha ido, pero en ese caso no intentaré convencerte, porque el Gobierno ya se ha encargado de hacer todo lo posible para que no puedas votar.

Te asquea que tengamos un nivel de corrupción propio de la Italia de Berlusconi. Te deprime que el paro juvenil duplique el de Eslovaquia.

El 15 de mayo de 2011 viste salir a la gente a las plazas. Imagino que te acercaste a Sol, o a las Setas en Sevilla, o a Plaza Catalunya. No te quedaste a las asambleas, seguramente, pero aquello no te parecía mal del todo. Pasaste unas horas. Hablaste con alguien. Escuchaste hablar. Unos tres años después, cuando todo lo que pasó en las Plazas parecía muerto, la noche de las elecciones europeas viste aparecer en la galaxia política española una cosa llamada Podemos. Las cosas cambiaban. Algo.

Pero reconócelo, no pasa nada, aquellos chicos no te gustaban. Decían que no eran ni de derechas ni de izquierdas, pero no te lo creías. Habías visto a Pablo Iglesias debatiendo en la Sexta. Y a ti tampoco te gustarán las etiquetas, pero algo te dice que de izquierdas, lo que se dice de izquierdas, no te has sentido nunca. Así que después, aprovechando el boquete que Iglesias y compañía habían abierto en el sistema de partidos, se coló reluciente el chico de oro. Se cumplía la profecía del presidente del Banco Sabadell, que un año antes había propuesto crear “una especie de Podemos de derechas”.

Un joven guapo, catalán y nacionalista español, que además habla bien y que hasta sabría construir una oración subordinada con las palabras “alcalde” y “vecinos”. Sin coleta. Sin piercing en la ceja. Con sonrisa de anuncio de dentífrico. Con labia y con cerebro. Empezaste a verlo claro: un Podemos sin “lo malo” de Podemos. Por fin. Lo que buscabas.

Hay más partidos, claro. ¿Recuerdas cuando se hablaba de Izquierda Unida? Incluso puedes no votar. Pero tú ves la televisión y la televisión te está vendiendo cuatro opciones. Dos viejos y dos nuevos. Por un lado, los sabores de siempre: Coca-Cola y Pepsi Cola. Por otro: fanta naranja o cherry coke (una bebida un poco más atrevida, que por motivos extraños no acaba de adaptarse al gusto español, pero que en cambio ha tenido bastante más éxito en América Latina).

Así que igual te apetece probar otra cosa pero que no sea muy distinta. Además, qué diablos, es cierto: son guapos. Mira los carteles de Ciudadanos. Parece que los han elegido en un casting. ¿Te suena el efecto halo? Los departamentos de Recursos Humanos y los estudios de mercado saben en qué consiste. Es un sesgo cognitivo, una más de las muchas trampas del cerebro. Si alguien nos parece agradable o nos resulta simpático, tendemos a atribuirle otros rasgos positivos. Pensamos que será más responsable y más honesto, o que es más inteligente o mejor trabajador. Lo dice la estadística, los guapos pierden menos juicios que los feos; la gente atractiva obtiene antes un trabajo.

Empezaste a verlo claro: un Podemos sin “lo malo” de Podemos. Por fin. Lo que buscabas

Así que como operación de marketing Ciudadanos funciona muy bien. Mírate, contigo les ha salido la jugada. El problema es que, como producto, es muy sospechoso. Si estás decidido a comprarlo, mejor no tires la garantía. Para empezar, te venden como nuevo algo que lleva diez años en el mercado. Te venden como antídoto contra la corrupción algo muy corrompido. Si te digo el nombre de Miguel Durán tal vez no te suene de mucho, pero quizás te convenga saber que fue ex director de la ONCE y ex presidente de Tele5, que fue imputado por delito fiscal y apropiación indebida, y que en 2009 fue cabeza de lista a las europeas con Ciudadanos en una coalición electoral con Libertas, un partido de extrema derecha.

Te venden transparencia, pero ya ha salido un libro demostrando que las cuentas que el partido enseña en su web no cuadran. Te venden como gente muy guapa a gente muy turbia, y solo tienes que mirar a quienes aparecen detrás de Inés Arrimadas y Begoña Villacís y hacer un par de búsquedas en Google o en Twitter. No te preocupes, amigo. No llevará mucho tiempo. Mira solo un poco el perfil de su asesor económico, Luis Garicano, para quien un rescate de la Troika era lo mejor que podía pasarle a España.

Te lo venden muy bien, pero la cosa no funciona. Te venden renovación y sus primeros pactos han servido para que el PSOE siga gobernando en Andalucía y el PP siga gobernando en Madrid. Y esto es lo malo de comprar cualquier cosa solo por la foto que aparece en la caja: luego lo abres y te encuentras lo que te encuentras. Aquí los tienes, en octubre, proponiendo el copago en sanidad. Aquí están después de los atentados en París, los primeros en apuntarse a la guerra. De nuevo aquí, proponiendo que los profesores puedan dejar de ser trabajadores fijos. Y esta es la última, proponiendo que la solución a la violencia de género pasa por… elevar las penas a las mujeres.

A ti lo que te gusta es llevar el nuevo reloj de Apple y mirarte al espejo pensando que eres alguien como Steve Jobs

Llegados hasta aquí, amigo, caben dos opciones. Uno es que seas de derechas hasta el tuétano. Alguien de derechas un poco más moderno, eso sí, que el principal problema que tiene con el PP es su ranciedad intrínseca. O sea, que lo que a ti te gusta es llevar el nuevo reloj de Apple y mirarte al espejo pensando que eres alguien como Steve Jobs o Christian Grey en lugar de alguien como Mauricio Colmenero –el facha de Aída– Bertín Osborne o los compadres sevillanos de los vídeos de Youtube.

En ese caso este artículo es batalla perdida. Primero porque te parecerá fenomenal el programa económico de Ciudadanos. Y segundo porque jamás te meterías en un periódico como este y llegarías hasta este párrafo. La otra opción es que realmente quieras que las cosas cambien en España y ves que no hay muchas opciones. En ese caso déjame recordarte una película que quizás hayas visto. Tesis, de Alejandro Amenábar. Una de las cosas indiscutiblemente buenas que le ha pasado al cine español, y un ejemplo de que con cuatro duros, un buen guión y unas cuantas carreras por la facultad de Periodismo de la Complutense se podía contar una buena historia.

A lo que vamos: no sé si te acuerdas de la protagonista. Ángela, interpretada por Ana Torrent, más o menos se pasa toda la peli huyendo y buscando a un asesino en serie que graba películas gore. A su lado tiene a Fele Martínez, un chaval con pintas y camisas a cuadros que recuerdan sospechosamente a las de Pablo Iglesias; y a Eduardo Noriega, el pijo guaperas.

El asunto es que Ana Torrent no acaba de tener claro quién es su amigo y quién es el asesino. Y aquí hace su aparición el efecto halo. El chaval con pintas hace muchas cosas raras; el guaperas parece buena gente. Fele Martínez le advierte: “Te estás enamorando del malo, imbécil”. Hasta que llega el momento en que Ana Torrent, sin comerlo ni beberlo, acaba en el sótano de Noriega y reconoce la sala donde se han grabado todas las cintas snuff. Su amigo Noriega es un sádico declarado, y después de atarla le dice cosas simpáticas del tipo: “te voy a arrancar el brazo y te lo voy a colgar en la oreja”.

Algo por el estilo, amigo, me temo que nos puede acabar pasando de aquí a un par de semanas. Que estemos atados a una silla y haya unos tipos riéndose y pensando: mira, te vamos a hacer unos recortes que, en comparación, los de Zapatero y Rajoy te van a parecer cosquillas. Así puede terminar la peli, con el país atado y diciendo a cámara:“Hola. Me llamo España, ahora me van a joder pero bien”. Así que piénsatelo. No hace falta que te fíes de este artículo o de lo que yo te cuente. Lee un poco más. Escucha a más gente. Infórmate por otro lado. Igual descubres más cosas que no sabías y al final hasta cambias de idea.

Por Miguel Ángel de Lucas
(publicado originalmente en Diagonal)

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