Caoramas

De sirenas y retornos

Adán y Eva expulsados del Paraíso. Grabado visible en la escuela-museo de Skógar.

Dos son las historias más antiguas, una es la de la creación, la otra la de los expulsados del paraíso. Varios estados norteamericanos se empeñan en imponer la enseñanza del creacionismo y los gritos de la polémica se escuchan desde hace cien años. No entiendo por qué, en cambio, el relato de la expulsión genera tan pocas polémicas.

El de la creación es lineal y presenta muy pocas variaciones: apenas las que van desde el Big Bang y la célula eucariota hasta Jehová un lunes de hace 5765 años. En todo caso, se abre el cosmos y nace el mundo.

Por el contrario, el relato de la expulsión se cuenta por doquier desde hace milenios y cada vez que se cuenta se transforma. A veces son Adán y Eva saliendo del Edén, a veces los íberos o hebreos expulsados del punto donde confluyen Genil y Tartessos y, a veces, los niños judíos subiendo a un tren en el París ocupado. A veces quien expulsa es un ángel con espada de fuego, otras veces el propio Dios con su dedo admonitorio y en la modernidad ya se ve al hombre de uniforme con el fusil de asalto que sólo por ahora apunta hacia el suelo. A veces es Hiperión, a veces Hélios, pero siempre es el padre.

A veces es Selene, a veces Gaia, pero siempre es la madre del primero de los reyes, que a veces es atlante, a veces elfo, pero siempre del Occido, el lugar donde muere el sol. Este primer rey andaluz se llama Eetes, a veces Aetes, a veces Hijo del Sol, a veces Hijo del Hombre. Según ciertos relatos se dedicaba a la apicultura, según otros a la metalurgia. Ardía Troya y Gárgoris en cambio mantenía la paz entre nosotros. Hasta que un día se empeñó en matar a su hijo y nieto Habis, que es como Abel para Caín, como Layo para Edipo. Entre los desterrados está Lilith expulsada por no someterse a Adán, a veces bruja, a veces virgen como Helena, la que huyó del marido viejo o como Medea la que huyó primero del Padre y después de Jasón para traernos siglos de guerra en todas las Troyas del Mediterráneo. Se dice que Lilith vaga aún por las riberas del Mar Muerto, mientras que Medea, desterrada por infiel, volvió a las costas originarias y se convirtió en roca, la que desde Salobreña hace milenios que ve pasar todos los barcos de todos los desterrados. Para los marinos las sirenas son insoportables, no porque entonen canciones de amor, sino porque le cantan al hogar y al origen.

Las sirenas no excitan a los desterrados, los entristecen, los llenan de nostalgia y melancolía. Por eso, a los diez años, retornó Ulises a Itaca, cedió a los cantos de las sirenas y terminó una búsqueda errante, como la del Vellocino de Oro, como la de Moby Dick. No podemos contar la creación del mundo, porque ese es un relato de dioses. Sólo podemos contar los destierros, las expulsiones y los retornos. En realidad, estamos condenados a errar, a volver y a contarlo, repitiendo y transformando por siempre un relato originario del Edén, sin poder acabar de acabarlo jamás.

José Luis Serrano

José Luis Serrano

Escritor, profesor y a la inversa.

(Granada 1960 - 2016)
José Luis Serrano

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