Paisaje de los sentidos

Paisaje de los sentidos. Movimiento y representación

Miguel Ángel Blanco Martín

Miguel Ángel Blanco Martín

Periodista. Expresidente y socio vitalicio de la Asociación de Periodistas – Asociación de la Prensa de Almería (AP-APAL) y miembro del Colegio de Periodistas de Andalucía en Almería (CPPAA) y de la Asociación de Escritores y Críticos de Cine de Andalucía (Asecan).
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Paisaje de los sentidos. Movimiento y representación

Cuando el cineasta suizo Alain Tanner busca un paisaje para una historia de escapada, la película El hombre que perdió su sombra, se encierra en el aire de Cabo de Gata. Y construye su historia desde esta lejanía trascendental. El espíritu de refugio es lo que también encuentra Pilar Miró para contar.

En torno al cine, surge la atracción de un paisaje que construye las historias. Como un territorio de ficción, el paisaje se transforma para multitud de historias. Los cineastas han construido leyendas. El atractivo ha seducido y justificado la atracción que emana la atmósfera cinematográfica desde dentro. Largometrajes, documentales, spots publicitarios, videoclips, proyectos fotográficos se refugian en este paisaje que conmueve por su poder de permanecer alejado del mundo de los ruidos. Y tan cerca, a la vez. El paisaje es protagonista e impone la atmósfera irreal, verídica, de las imágenes.

A la llamada del aire del Cabo acuden los pintores. También, la luz. No es un secreto que el Cabo se ha convertido en un refugio temporal de pintores, en escapada. Que también esconde algunas claves de la inspiración, de la metamorfosis deseada. Con motivo del décimo aniversario del Parque Natural (1997) dos pintores protagonizaron la programación: José María Sicilia y José Manuel Broto, ambos a la llamada de Valente. Dos exposiciones, en Rodalquilar.

José María Sicilia, la luz que se apaga, “me interesa el debate de la vida”. Y para ello presenta un viaje personal al mundo de las flores como signos de todo el mundo. Orientalidad. Valente habla que “la flor es una luz plena, pero una luz que en su cénit suscita ya la expectativa de una plenitud distinta: la de su apagamiento”.

José Manuel Broto llega a Rodalquilar desde su Galicia natal: “Rodalquilar es un paisaje sobrecogedor que está lejos de cualquier cosa. Mueve a la reflexión”. Y Valente: “En Broto hay una poética de lo fragmentario, pero en el sentido de que sólo el fragmento remite o alude a la totalidad”.

Hay pintores que han hecho de Cabo de Gata lugar de encuentro personal, reflejo de una forma de entender la creatividad. Miguel Mansanet (Tetuán, 1954) estuvo varios años refugiado en Níjar. Su compromiso de refugio le llevó a descubrir la esencia silenciosa del Cabo: “Desde que llegué a Níjar mi vida ha estado inspirada por el paisaje de Cabo de Gata. Antes yo era urbano y de interiores, vanidoso y egocéntrico, venía de la movida de Madrid más bruta. Y ahora estoy fuera de convencionalismos” (1995).

En Ginés Cervantes Ballesta (Huércal-Overa, Almería, 1939), “la soledad es la principal obsesión de mi pintura. Cabo de Gata supone un giro en mi pintura. Cabo de Gata me ha llevado a una concepción del paisaje”. Muchos recorridos del pintor, entre San Miguel y la Rambla Morales, siempre sin tomar apuntes, solo con la atmósfera. La luz del Cabo construye la visión del paisaje.

En Toña Gómez (Málaga, 1954) está la sensación del vacío, es la mirada que se enfrenta al paisaje de las ausencias, de la nada. La atmósfera existe porque deja el campo libre a la ficción. Búsqueda incesante de horizontes desde el inicio del espacio. Toña Gómez siempre viaja al silencio.

En la pintura de Nané (Badarán, La Rioja, 1943) es perfectamente comprensible la euforia de la aventura, el viaje sobre el tiempo y el infinito con la sensación de que nunca se llega al final, “la pintura es mi obsesión y mi historia”.

Manuel Muñoz (Cabo de Gata, 1978) es experimental, vital e imaginativo. “Creo en la libertad de pintar en un muro”, mientras mira alrededor, “Cabo de Gata no es que me influya, pero sí me sorprende. En una misma calle hay variedad de combinaciones de colores, materiales y formas que me impresionan”.

José Ruiz Mateo (Almería, 1970) sigue las huellas anónimas en la arena.

Victoria Abad, en las Negras, ha establecido un pacto con el tiempo cambiante y las piedras.

Ignacio Belda Segura (Almería, 1971) encontró su raíces artísticas en Isleta del Moro. Siempre tiene presentes los acantilados. Y pone nombre de identidad al paisaje.

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